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INTERVENCIÓN ARTÍSTICA EN CALICANTO

¿Cuántos bosques caben en una cabeza? ¿Y en miles de cabezas?

Exagerando, permitirnos llamarle bosque a estos pocos pinos, aliagas, romeros… Claro que usaremos el tiempo pasado. Aquel bosque se ha convertido en un desierto negro que nos amenaza. ¡Misterio, una ardilla salta entre la nada y la nada!

Las llamas quemaron los recuerdos, a mí se me quemó la casa, a mí apenas el sombrero, el coche nuevo, el jardín, esa forma que tenía de mirar el paisaje desde mi ventana…

El bosque quemado –un saltamontes busca aparearse- es un eco del ruido de nuestras ciudades, de miles de conversaciones entrecortadas, de nuestros no deseos. Deseos no amados lo suficiente para existir.

Lo que nunca llegó a ser bosque o dejó de serlo, por desidia, sigue siendo el lugar posible, el lugar de todos. Tal vez creímos que soñar era gratis, inútil o anticuado. Escuchad las cabezas. ¿Qué hacen sobre un pedestal, qué sobre unos hombros?

¿Quién ha perdido la cabeza?
La cabeza cabe en una caja de zapatos.
¿Cuántas cabezas caben dentro de una cabeza?
No hay nada dentro de la cabeza, todo está fuera.
¿O es al revés?
Frota la cabeza y saldrá el genio.
Usar la cabeza es lo más divertido.
Una cabeza hueca suena menos.
Dentro de la cabeza suena el mar.
La última frontera está dentro.
Antes de rompernos, descubrimos que es la montaña quien nos mira, los troncos quemados son la manifestación espontánea de su protesta. Una vez más, somos nosotros los protagonistas o los ausentes.

INTERVENCIÓN ARTÍSTICA EN CALICANTO

Hay una saturación de NEGRO y GRIS en nuestro “percepto” como consecuencia del impacto visual y emocional después del incendio.

La reacción es la necesidad de contrarrestar esa masa de color y sentimiento con sus opuestos, el BLANCO, que de forma instintiva o primitiva se asocia con la emoción opuesta a la que sugiere la rabia, la tristeza, la impotencia,… la supervivencia. Los puntos blancos como cabezas sugieren la magnificación de ese sentimiento en la comunidad.

Toda la comunidad, en cuanto a la emoción o sentimiento que se deriva del incendio, converge en un punto. El mismo punto. Pero nadie ve a nadie. Nadie comparte más allá del momento de rabia inmediato al suceso. Hay un valor de la emoción potencialmente proclive a la acción posterior, que se pierde, se desperdicia por las alcantarillas de la sociedad moderna.

La idea trata de recoger en una intervención ese sentimiento común a través del arte y la acción ecológica llevada a cabo a través de la limpieza en el entorno de la intervención y el compromiso de la retirada de los elementos (cabezas de escayola) que forman la escena.

Se estima un tiempo de entre 30 y 60 días de exposición para la retirada de estos elementos, tomando como día de inicio el 24 de mayo de 2014.
Dejando el entorno en la misma situación en la que se encontraba justo antes de la acción.